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El mundo futuro
(Reproducción parcial del artículo
publicado en "El Correo Español-El Pueblo Vasco" el 5 de
septiembre de 1997)
(...) El mundo futuro, magistral obra de uno de nuestros
más célebres historietistas, Guillermo Sánchez Boix, cuya firma
artística, Boixcar, causó furor
durante los años 40 y 50, demostrando que el cosmos ya existía
desde mucho antes de La Guerra de las galaxias y Star
Trek...
La eclosión fantacientífica con que el cine americano nos abrumó
en décadas pasadas bebía, en muchos casos, del mundo de las
viñetas. Aparte de los incunables USA -Alex Raymond y su
Flash Gordon a la cabeza-, en España también existieron
autores capaces de sumergirnos en apasionantes relatos de
ciencia ficción pura.
Boixcar
había nacido en Barcelona en 1917 y, movido por su espíritu
inquieto, no dudaría en fugarse de casa a la tierna edad de 12
años. Su natural romántico le lleva a escribir poesía y hasta
una obra teatral, mientras se emplea, entre otros curiosos
menesteres, como retocador fotográfico, en un anticipo de lo que
supondría su amor por el texto y la imagen. Llega la Guerra
Civil y lucha en el bando republicano, pero tiene que huir a
Francia, donde es capturado por los nazis y recluido en un campo
de concentración. Al término del conflicto, regresa a España y,
en 1943, inicia su carrera en el noveno arte. En un arrebato
sentimental, decide firmar como Boixcar,
mezclando su apellido con las tres iniciales del nombre de su
querida esposa. La inevitable influencia de los autores
norteamericanos -Harold Foster, Milton Caniff, el citado
Raymond- marcaría para siempre su estilizado dibujo, como a
Jesús Blasco, Francisco Hidalgo o Angel Puigmiquel, coetáneos
suyos y también maestros de la viñeta.
Seres buenos Eran
los tiempos del NO-DO, la época de CIFESA y el imperIo de
Chicos, la revista de cómics emblemática de los 40; todo
ello, pasado por el filtro del régimen y su exaltación
patriótica e histórica. Boixcar ya
comenzaba a despuntar con obras como El Caballero Negro
(1945), El Puma (1946) o La vuelta al mundo de dos
muchachos (1948), pero el golpe de gracia lo daría con
Hazañas bélicas, colección
surgida a finales del 48 como continuación de la serie
Episodios de guerra, de Blasco.
El enorme éxito de Boixcar
propiciaría que aquélla se dilatase hasta el año 71, ya con
dibujos ajenos... Así, a continuación de Flecha Negra
(1949), nuestro autor emprende una de las sagas más fascinantes
de los 50: El mundo futuro nace en 1956 y recorre todo el
universo de la ciencia ficción, a través de guiones del propio
Boixcar que mezclaban viajes
intergalácticos, invasiones extraterrestres, batallas estelares
y melodrama espacial con un diseño hiperrealista de naves,
parajes cósmicos y letales seres alienígenas... La parafernalia
cinematográfica venida de EE UU hallaba justo reflejo en las
viñetas de nuestro autor, sin escamotear ningún detalle. Incluso
el maligno extraterrestre del filme This island, Earth
(1955) servía para inaugurar la serie, con un número uno
antológico, Los seres buenos de Marte.
Se editaron 102 cuadernillos apaisados más dos almanaques, con
una periodicidad quincenal y al precio de 1'50 pesetas. A partir
del número 69, Ediciones Toray comenzó a contratar a otros
dibujantes -Boix, Huéscar, Rumeu- y guionistas -Ortiga, Bañolas,
Acedo-; sin embargo, aquello ya no era lo mismo. Los
maravillosos diseños de Boixcar, sus
deliciosas portadas repletas del sabor añejo y camp de la
época, sus excitantes historias, capaces de sorprender al lector
con insospechados y crueles golpes de efecto, eran
insustituibles. Y así, en 1958, se cerraba la colección tras un
breve pero sustancioso periplo. Boixcar
falleció en 1960, con sólo 43 años, ante el desconsuelo del
aficionado...
Un triste presente
¿Se continuó con esa vena futurista en el cómic español?
Diversos autores realizaron algunas obras interesantes durante
la década de los 70-80, gracias, sobre todo, a las revistas
1984, Cimoc o Zona 84. Josep Beá impactó con
sus Historias de taberna galáctica; Alfonso Font, con
Cuentos de un futuro imperfecto (o la mordaz La parábola
del marciano desconocido, incluido en Historias negras),
y Carlos Giménez, con Dany Futuro y Érase una vez en
el futuro... Pero, según Fernando Tarancón, director de la
publicación especializada Born Again, "cómic de
ciencia ficción en España no hay, en el sentido de que no existe
una industria del cómic. Si estás hablando de 100.000 pesetas
que se le pagan a un autor por tres meses de trabajo, no se
trata de industria, es explotación. Hay tres o cuatro autores
consagrados, como Alfonso Font o Daniel Torres, que todos los
años publican un álbum; en el momento en que hacen ciencia
ficción, 'hay' ciencia ficción en el cómic español".
Ocasionalmente, creadores como Fernando de Felipe (con sus
alucinantes S.O.U.L. y ADN), José Beroy ( y su
apocalíptico 999), Miguel Ángel Prado (y su elegíaco
Fragmentos de la Enciclopedia Délfica), Javier Rodríguez (y
su irónico Love Gunn) o Leo Sánchez y Antonio Segura (con
Bogey) regalan al aficionado interesantes reflexiones
sobre la sociedad actual, trasladando sus inquietudes a un
decorado futurista que incluso refuerza el punto de vista lúcido
y crítico de su obra. "Miguel Angel Martín, cuyo primer
trabajo profesional, 'Dog', fue publicado en 'Zona 84'
-continúa Tarancón- es quizá el único autor importante que
sigue cultivando la ciencia ficción, en un sentido muy clásico,
el de aplicar al futuro hechos que acaecen en el presente: la
incomunicación, las 'snuff movies', el sexo frío y aséptico...".
Mientras nuestros jóvenes creadores se deciden a dar una
continuidad a este género, El mundo futuro de
Boixcar existe como legado de un
artista excepcional y ejemplo de un futurismo sin
adulteraciones, en estado puro, capaz de emocionar cuarenta años
después de haber sido concebido. Es la magia del buen cómic.
Todo un arte.
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